(Don’t) Be like Mike, por Juan Turmo
Cuando alguien habla de baloncesto y de NBA es imposible no pensar en la figura de Michael Jordan. Han corrido ríos de tinta durante 40 años sobre el que para muchos es el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, y quiero remarcar que este artículo no quiere desmentir eso. Nadie aquí va a cuestionar la calidad baloncestística de MJ.
Dicho esto; hace unos meses, los chicos de Drafteados propusieron en su podcast 3+1 la cuestión “¿quién será el próximo Michael Jordan?”. Vamos a partir de la base de que nadie nunca será el próximo Michael Jordan, porque para empezar, si alguien alguna vez llega al nivel de MJ será el único Kobe Bryant, Stephen Curry… pongan ustedes el nombre que quieran en esa ecuación. Para que alguien sea el próximo MJ tienen que haber alcanzado tal nivel de leyenda que no se le comparará. Pero el podcast continúa hasta llegar a la reflexión de José Calderón diciendo “en la actualidad igual nadie le toleraría según que comportamientos” a lo que alguien le contestó que quizá estamos teniendo demasiado en la retina al Jordan de “The Last Dance”, y aquí es donde yo me quiero detener.
Michael Jordan es un extraterrestre, y querer ser como él un suicidio y una tontería a partes iguales. Lo primero porque el nivel de talento innato en su persona no está al alcance ni de los más trabajadores. O lo tienes o no lo tienes. Alcanzar el nivel de Michael no esta al alcance de casi nadie. Lo segundo porque su vida no es precisamente envidiable. Sin salir de habitaciones de hotel, sin respirar apenas. Pero claro, esto es lo que nos quiere enseñar el documental.
Los documentales son ventanas limitadas que enseñan un determinado enfoque sobre el objeto documentado, en este caso una persona y un conjunto de personas. Generalmente los documentales deportivos están pensados para limpiar y ensalzar a los atletas, convertirlos en esos héroes de a pie, traernos sus lados más personales y limpiar sus imágenes. Caso reciente es el de todo el cambio de sentimiento hacia la figura de Kirk Cousins, entonces quarterback de los Minnesota Vikings ahora de los Atlanta Falcons, a raíz de la serie documental “Quarterback” de Netflix. ¿Por qué entonces cuando acabas de ver el documental “The Last Dance” acabas con una sensación de “Michael Jordan era mala gente”? Desde las luchas con jugadores en la cancha, su apodo como el rey del Trashtalk, el ganar por revanchas personales y por demostrar cosas a gente externa, la manera en la que sus compañeros hablan de lo tirano que era en los entrenamientos o incluso el incidente de pegarse con Steve Kerr. La sensación es de un regente que sabe que es bueno y que no gana por culpa ajena. La sensación es de un líder que gobierna por temor y no por confianza y ejemplo. Un ser todopoderoso que se rige por la ira y el miedo, su sed de revancha y de orgullo personal. Vamos, un lord Sith en toda regla. En lugar de enseñarte y ayudarte te dice el famoso “ya lo hago yo que tu no sabes”. Obviamente es algo que le funcionó. 6 anillos en 8 años de los cuales no jugó en uno y medio. No estamos hablando de algo pequeño así que llegamos a la conclusión de siempre. “El precio de la fama y el éxito”
¿Ah si? ¿Seguro? Yo no lo tengo tan claro. Durante años, especialmente el último lustro, se nos han acercado a través de documentales figuras de leyenda de muchos deportes. Obviamente yo crecí viendo a Kobe Bryant y si bien ahora, tras su fallecimiento, parece un héroe legendario y mítico, yo recuerdo perfectamente como pasó de imitar a Jordan a crear su propia identidad, la Mamba Mentality, seguía siendo un líder y un ganador imparable, pero su cercanía hacia el público y los compañeros viró de manera radical. La serie documental “La Dinastía Laker” de Disney+ da esa mirada general mientras que quizá el momento del viraje se ve en “The Redeem Team”, Documental de Netflix sobre los JJOO de Pekín 2008.
Otro ejemplo claro, y quizá más obvio por su importancia en el mundo del deporte americano es Tom Brady. Nadie duda de lo que consiguió, y la gran diferencia con Jordan es cómo lo consiguió. De nuevo, vemos a personas super competitivas, con luces y sombras, pero ninguno de sus compañeros parece odiarlo ni temerlo, todos irían a la guerra por el, todos son compañeros, no subordinados. Durante 20 años lideró equipos en la NFL, y lideró con el ejemplo.
Stephen Curry (Underrated (Apple+)), Patrick Mahomes (Quarterback (Netflix)) o incluso la figura de Wayne Gretzky (Ultimate Gretzky (Youtube)), todos leyendas absolutas de sus deportes que han demostrado una y otra vez que el éxito deportivo no significa ser mala persona o comandar una tiranía infundiendo terror. Es bueno que odien jugar contra ti, que te quieran vencer, que seas el rival a batir, pero el juego se acaba al finalizar el partido. Recordemos a Michael Jordan, cambió la concepción del baloncesto mundial y fue un ganador como nunca se había visto. No busquemos encontrarlo de nuevo, un icono que ni sus propios compañeros toleran no merece la pena imitar.
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