DEJEMOS DE HABLAR DE CABRAS, por Juan Turmo

Una de las cosas que más me fascina del ser humano es la capacidad de crear cosas categóricas y absolutas. Nos gusta la certeza y prácticamente vivimos de intentar lograrla. El problemas aquí surge cuando en cierta medida queremos imponer las certezas nuestras sobre los demás.

Con la reciente victoria de Tampa Bay Buccaneers en la Super Bowl, el debate más candente ahora mismo es el del GOAT (Greatest of All Time). ¿Por qué existe este debate?
¿Qué queremos conseguir con él? 

Tom Brady es un hombre que ha cambiado la manera en que la gente ve su deporte, las reglas sociales que lo rigen, ha roto todos los moldes posibles. A ojos de todo el mundo es el mejor en lo que hace, incluso sus haters deben reconocer que se están empezando a quedar sin argumentos. Pero incluso ahora, con él reinando nuevamente en la NFL, el tipo de juego que él explotó y que lo ha convertido en lo que es, está en declive y en peligro de extinción. Incluso ahora, con él coronándose por 7ª vez (más que cualquier equipo en la liga en la que juega), los patrones y los moldes son distintos. Patrick Mahomes (quien ya ha batido todos los récords que Brady ostentaba a su edad), Lamar Jackson, Kyler Murray... Ellos son el futuro, dentro de unos años el estilo de Brady habrá quedado obsoleto, como el de Marino o Montana ahora. Dentro de unos años se debatirá sobre si un crío que juega a otra cosa pero lo gana todo se podría comparar con Brady.

Para mi la respuesta es no. No existe un debate del más grande de todos los tiempos. No puede existir. ¿Quién es más grande? ¿Usain Bolt? ¿Michael Phelps? ¿Serena Williams? Ninguno, porque todos lo son. Son atletas que marcan una época, son modelos que esculpen la sociedad y llenan de ilusión a millones de personas en todo el mundo, ídolos en los que los niños se quieren ver reflejados. ¿Quién fue mejor: Michael Jordan o Kobe Bryant? Para mí, fue Kobe porque crecí viéndole jugar y para mi padre lo fue Petrovic o los Lakers del showtime contra los Celtics de Bird. Yo no vi jugar a Gretzki, pero si a Crosby, Ovechkin y Lunqvist. Y ya no quiero imaginarme si Federer, Nadal y Djokovic no hubiesen coincidido en el tiempo. Son las épocas que nos tocan vivir las que marcan las creencias de cada uno. Y cualquier debate es absurdo.

Vivimos un momento dorado para disfrutar de estos atletas porque el deporte de élite está ahora en un pico que pensamos que jamás se podrá mejorar, pero seguro que dentro de 30 años decimos lo mismo de lo que presenciemos entonces. Porque las cosas cambian y no se puede medir de la misma manera a Jesse Owens que a Usain Bolt, a Mark Spitz que a Michael Phelps, a Nadia Comaneci que a Simone Biles... 

Hay que disfrutar y dejarse de debates. Hay que sentarse a ser testigo de cómo estas personas, estas deidades encarnadas, ponen a prueba una y otra vez los límites del ser humano.

Tom Brady tiene 43 años y va a seguir jugando. Eso es un hito. Pero la medicina está cambiando, la preparación y concienciación física están cambiando. Tom Brady será capaz de jugar en la élite hasta que su cuerpo aguante, como LeBron o Diana, o cualquier ídolo o no ídolo que queramos seguir, y gracias a la ciencia, ese límite que les marca el cuerpo, cada vez será más lejano y cada vez podrán aguantar más tiempo. Así que dejémonos de debates y sentémonos a verles desafiar las leyes de lo establecido. Porque no hay nada establecido.

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