LA TERAPIA PERFECTA, por Juan Turmo
Teniendo en cuenta los tiempos que vivimos, quizá pensar en el deporte como actividad esencial es algo que puede rechinar a mucha gente. Pero para muchas personas ha resultado ser el clavo ardiendo al que agarrarse después de un aislamiento tan nocivo.
Durante mucho tiempo estuvimos sobreviviendo a base de series, películas, obras de teatro, música y performances en general, disponibles en las diferentes plataformas. Fue nuestro día a día. Y precisamente a mi, como actor y creador me resulta extremadamente indignante el trato que ha recibido el sector después de ser la única conexión al mundo que tuvo el planeta entero durante casi 3 meses. Pero esto va sobre deporte.
¿Por qué un actor y creador fue mucho más feliz cuando volvió la NBA que pudiendo ponerse al día de todas las pelis y series que tenía en lista de espera porque la vida no le daba de sí? Pues muy sencillo, porque todas esas películas y series me activaban la cabeza. Me hacían darle vueltas y mil vueltas a las cosas, dándome insomnio, dándome muchas y muchas ideas que no podía llevar a cabo y que acababan creando una frustración y llegado el momento, un fuerte estado depresivo.
Pero el deporte volvió. Objetivamente como ser humano creo que volvió demasiado pronto y gastando unos recursos que podrían haberse destinado a otra cosa más urgente, pero otra parte de mi, agradece que volviera. El deporte me mantenía entretenido sin después dejarme tonto intentando solucionar la Teoría del Todo en mi cabeza. Disfrutaba del momento y por fin pude apagar mi cabeza después de meses. Antes de la NBA volvió la liga de Fútbol, y reconozco que no la seguía tan fielmente desde que era pequeño, era una causa de fuerza mayor, necesitaba sentir esas victorias del Huesca, ese reflejo de pequeñas batallas ganadas que daba una sensación de avance y quizá, por primera vez en muchos meses, algo por lo que levantarse de la cama por las mañanas con ganas y energía.
Y aquí es donde reside la tesis de este artículo. En que realmente me he dado cuenta de cual es el verdadero potencial de este mundillo. Esa ilusión por llegar al fin de semana y ver un simple partido. Pasar dos horas con la cabeza apagada. Disfrutar de un juego, de algo divertido y simple. Todos esos deportistas pasándolas canutas en burbujas solo para llevar esa paz a muchas personas. (Ojalá hubiese sido ese el objetivo y no el evitar los millones en pérdidas que se esperaban)
A mi me salvaron la vida, yo estaba en un pozo muy oscuro y la vuelta de las competiciones me devolvió al mundo de los vivos y pude ponerme a trabajar y a crear sin ser un zombie. Sin bloqueos ni desesperación. Sin insomnio. Sin rayadas mentales. Solo con ilusión, sentimiento de pertenencia y ganas de que el día siguiente superase al anterior.
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