Cultura Hooligan, por Juan Turmo

Anoche, cuando Vegas Golden Knights levantó la Stanley Cup, me acordaba de un video que compartí cuando los Capitals ganaron su anillo a domicilio en el mismo escenario, el primer año de la expansión, después de aquella temporada inaugural histórica de los de Nevada, que el pabellón entero coreó “Go Caps Go” en honor a los vencedores. Y claro, ineludiblemente la cabeza se va a otros cánticos, los que atronaron en el Olímpico de Badalona hace unos días y que evidencian un gravísimo problema en la cultura deportiva española.


Cuando el Huesca subió por primera vez a Primera División, le pregunté a mi padre, gran aficionado al fútbol, si iba a aprovechar a ir a algún partido, a lo que me respondió que no, pues no soporta los ambientes hostiles que se generan en un estadio o pabellón. Ambientes que un niño no debería experimentar. Ambientes que en muchos casos bordean y otros superan con creces el Delito de Odio recogido en el Código Penal y supuestamente controlado por la Oficina Nacional de Lucha Contra los Delitos de Odio. Pero al ser un espectáculo de masas parece como que está aceptado semejante comportamiento. Y ya no hablo de los casos mediáticos como el de Vinicius en Mestalla o el de Yabusele en Badalona, sino cosas del día a día, casos que a lo mejor como la víctima no es de color o de una minoría, no resultan suficientemente mediáticas para llegar a la prensa. Un ejemplo. Zaragoza-Huesca, cualquier año, cualquier momento, 30.000 gargantas cantando “Pulido muerete” cada vez que el capitán azulgrana toca el balón. Otro ejemplo: la tensión entre aficiones en el partido Casademont Zaragoza-Perfumerías Avenida la pasada temporada en la primera categoría del baloncesto femenino que culmino en agresión.


Estos comportamientos pasan y son aceptados socialmente. Cuando en cualquier otro país si ocurriera un solo incidente, la condena y la justicia son ejemplares (quizá el fútbol europeo es la excepción ya que hooligans hay en todos los países). En EEUU, los hermanamientos entre aficiones o los piques sanos son la orden del día. No hace falta llamar hijo de puta al que tira tiros libres, quiza con contar segundos consigues que el mejor jugador de la NBA se ponga nervioso. Y sobretodo el buen hacer de los deportistas. Tanto las formas al acabar un partido, como la manera de hablar en entrevistas. Nunca señalan. Nunca ofenden. Nunca atacan. Hay excepciones claro, pero estoy hablando de la cultura deportistica como concepto. 


¿Cual es entonces el problema de España? Pues todas las partes implicadas. Voy a centrarme en el caso Yabusele como ejemplo claro. 

   -La primera y principal culpable es la afición del Joventut. Yo soy aficionado de la Penya. Yo exploté contra el arbitraje después del segundo partido. Pero lo que sentí al escuchar aquellos cánticos por televisión fue absoluta vergüenza. No se puede hacer eso nunca. Bajo ningún concepto. Cualquier atisbo de razón que puedas tener desaparece, se esfuma.

   -Lo segundo, la liga y la competición corrupta. Todo el mundo sabe que el Real Madrid y el Barcelona van a jugar la final. Da igual cómo lo plantees. Eso va a pasar. Las pocas y escasas ligas que han ganado agentes extraños han sido accidentes. Incluso si uno de los dos no llega se seguran de que gane el otro. Es aburrido, es desesperanzador, es político incluso. El poder del dinero que todo lo mueve, incluso a los jueces “imparciales”…

   -… porque imparciales lo que se dice imparciales no son, y aqui mi tercer palo, los árbitros. Si todo el mundo sabe que se va a hacer lo posible por favorecer a los poderosos, no seáis tan descarados. Lo del segundo partido fue bochornoso y marcó un antes y un después en la eliminatoria. En algunos casos la defensa del Madrid parecía más de Rugby que de Baloncesto pero las faltas las pitaban en el otro lado de la cancha. Claro, la antideportiva a Tomic que desencadenó todo en el 3º fue antideportiva, clarísima e irreprochable, la afición explotó porque no pudo explotar en el 2º porque era en Madrid.

   -Por último los propios jugadores. Con el escudo del Madrid en el pecho se sienten protegidos para jugar al límite. Tras un segundo visionado de los partidos, Yabusele no debería haber acabado ningun partido por faltas personales. Pero eso no ocurrió y él se creció. Tanto deportivamente (que es un jugadorazo de baloncesto) como antideportivamente (floppings descarados, faltas salvajes)… y lo uso como ejemplo eh… que puedo hablar perfectamente de todos, porque el recado de Hezonja a Feliz tras encararse después de la antideportiva del Chacho, mal los tres. Negarle el saludo el segundo al primero al acabar el partido, peor. 

Pasa lo mismo con Vinicius, y soy consciente que me puedo meter en un jardín con lo próximo que voy a decir. El problema es la reacción que él tiene. Si él se ofende, que debe ofenderse y denunciarlo, por recibir insultos racistas, debe tener cuidado con decirle a la afición del Valencia que se va a 2ª división, porque, para mucha gente, perdió la razón y lo tacharon de rabieta de niño pequeño, cuando el racismo en los campos es un problema muy serio que viven, denuncian y combaten muchos jugadores sin generar tantos aspabientos que quitan el foco al problema.


La gente está cansada de que siempre ganen los mismos, eso genera mucha rabia, sobretodo por las formas en las que ocurre. No soy un iluso, sé que no se puede cambiar el sistema o introducir un Salary Cap que cambie las cosas y americanice las competiciones. Pero es que el deporte es un reflejo de la sociedad. Una sociedad paleta e inculta, una sociedad donde un Delito de Odio tan evidente se repite una y otra vez en estadios y pabellones a lo largo y ancho del país todos los fines de semana (incluso, y esto es lo mas grave, en categorías inferiores) va a ser una sociedad que genere estas situaciones tan lamentables. Una clase política que pide la unidad de España cuando existe un bipartidismo político tangible, una sociedad donde los artístas solo pueden triunfar en Madrid o Barcelona, donde los deportistas solo pueden triunfar en Madrid o Barcelona, donde los negocios solo prosperan en Madrid o Barcelona. La sociedad directamente dice que todos los demás no valemos lo mismo, que los de Madrid o Barcelona (y muchos dentro de esas ciudades no triunfan, pero a ojos de los que vivimos fuera pensamos “jo, vive en Madrid, a este le va bien”) y todo esto genera envidias y odios, amplificados por un sistema mediático centrado en el fallo, el error, la burla y el escarnio público.


Me encanta ver las entrevistas post-partido o las ruedas de prensa en deportes extranjeros. Los deportistas saben hablar, saben razonar, los periodistas no les critican, no meten el dedo en la llaga, son breves, nunca entrevistan a los perdedores a pie de pista. Eso es una cultura positiva. Lo de aquí es una vergüenza a todos los niveles. Y si, me refiero a todos. Pues yo, como mi padre, hace muchos años que no piso ni un pabellón ni un estadio en España porque me da vergüenza.

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