Deporte se escribe con F, por Juan Turmo
Los tiempos están cambiando. Desde hace algunos años el deporte femenino está empezando a subir enteros pero lo que está pasando en los últimas dos o tres temporadas está siendo digno de analizar.
No hace tanto tiempo se oía y se leía en RRSS que el deporte femenino no era rentable y que tenía que desaparecer. Desde siempre está el gran debate de la brecha salarial, porqué los hombres cobran barbaridades y las mujeres un ínfimo porcentaje de ese dinero. La respuesta claramente estaba en los contratos de TV. A la gente no le interesaba el deporte femenino. ¿Pero es cierto eso? ¿O es que no había suficiente oferta?
En los últimos tiempos hemos visto igualarse esa brecha en Tenis. Hemos visto mundiales de fútbol por televisión. Se han batido records de asistencia en muchos estadios y deportes. Se ha fundado la PWHL, liga profesional de Hockey Sobre Hielo que sigue los pasos de la WNBA, la cual, contrariamente a lo que se pensaba que se iría empequeñeciendo hasta desaparecer, no ha hecho más que crecer y crecer, ganar en visibilidad, veteranas de la talla de Diana Taurasi y Sue Bird, superestrellas como A’ja Wilson y Breana Stewart y toda la ola que traen consigo las jovenes encabezadas por Sabrina Ionescu y el draft de 2024 con Caitlin Clark a la cabeza.
Pero, antes de centrarnos en el fenómeno Clark, no solo ocurre eso en EEUU, el Baloncesto femenino en España está en alza. Las hazañas de Valencia, Perfumerías Avenida y Zaragoza están dando la vuelta al mundo. Sus jugadoras se están convirtiendo en verdaderos iconos para las ciudades que representan y sus países de origen. Esto era impensable hace 10 años y es un privilegio poder vivirlo.
Pero volvamos a ese cohete supersónico que va a cambiar las reglas. La superestrella de Iowa que batió todos los records universitarios (Masculinos y Femeninos), drafteada por Indiana Fever en el 1 del draft y que debutó anoche con Doble-Doble. Esta chica trae algo especial consigo, un carisma, un poder que va a suponer una subida de interés del público, subida de los salarios de las jugadoras gracias a los contratos de TV, inversión de marcas en deporte femenino y sobretodo un camino a seguir para todos los demás deportes. La WNBA está a la vanguardia del deporte colectivo femenino y debería ser un espejo para el futuro. El año que viene San Francisco añade su franquicia al torneo con las recién nombradas Golden State Valkyries, Toronto se incorporará en la temporada 2026. Y todo gracias a un plan de crecimiento y un esfuerzo de promoción inaudito. Un salto de fe para el deporte femenino que ya tardaba en llegar.
Veremos hasta donde da de si el fenómeno Clark, porque si la convocan para los JJOO puede traspasar las pocas fronteras que le quedan. Y habrá que monitorizar el progreso de esta evolución para que llegue a donde tiene que llegar: la igualdad total. Pero sobre todo, sentarnos con un cuenco de palomitas y una cerveza fría a ver como estas heroínas cumplen su destino y alcanzan la inmortalidad para ellas y para todas las demás.
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